La valoración

Califico mi experiencia personal  de 1 a 5 en cuanto a comida, servicio, a mbiente  y relación costo/beneficio 

Volver a lo casero

El Cebollero

Chapinero 

Calle 58 # 3A - 17

Comida colombiana, americana
 

La sazón: 4,3

La atención: 4,6

La ambientación: 4,2

La relación costo/beneficio: 5
 

Precio promedio por persona: 15 - 25 mil

 


En los últimos años, Chapinero ha cogido mucha fuerza en el tema gastronómico. Uno de los lugares que llama la atención es El Cebollero y su nueva sede: una casa tradicional de barrio con una decoración contemporánea que le da un giro interesante. El lugar tiene una terracita con un par de mesas de madera preciosas y un espacio interno con otras más, una barra y la cocina.


El día que fuimos hacía tanto calor que tuvimos que empezar por unas cervezas: El Cebollero tiene una buena oferta y, además, saben maridarlas con sus platos. N escogió la 1906 (8.500), una lager robusta y fresca, y yo elegí la Delirium nocturnum (13.000), fuerte y aterciopelada.

 

 

Creo que una sorpresa del restaurante son sus encurtidos caseros que se le pueden echar a literalmente todos los platos. El de chipotle tiene un picante suave y un sabor que oscila entre dulce y ahumado; el encurtido de pimentón no es ácido como esperaba: tiene más bien un sabor dulzón y es de textura tierna; los rábanos son ácidos y levemente agrios; en el chimichurri predomina el sabor a tomate y no es muy grasoso (gracias al cielo); las cebollitas son avinagradas pero súper sutiles; y la mostaza, nuestra favorita, tenía mucho aroma y una espesura impecable.

 

 

Comenzamos pidiendo una Arepa de maíz con queso amarillo (7.000): la masa era dulce y se deshacía en migajas —me recordó a las tortas de maíz de mi infancia—, además, el hogao que la acompañaba era muy sustancioso.

 

Cada semana tienen una sopa diferente. A nosotras nos tocó la Crema de espinaca (5.000): muy casera, espesita y concentrada. Los crutones y el queso le iban muy bien; lo único molesto fueron los minúsculos pedacitos de aguacate que terminaron siendo más una decoración que un ingrediente del plato.

 

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Después de aquella admirable introducción, decidimos ponernos serias y enfocarnos en nuestro objetivo: probar los famosos perros calientes. Michael, uno de los dueños, nos contó que cambian las recetas de sus perros con frecuencia, pero que los nombres de los platos permanecen —para que no se asusten si piden el mío y les llega otro—.

 

Yo elegí el perro Cota (11.500), de carne de res con chile pasillo, compacta y picantita, aunque algo seca; el mango biche y la salsa de tamarindo aligeran la densidad de la carne y le brindan una adecuada pizca frutal. El pan era una maravilla, con corteza crocante y centro blandito: al rato preguntamos de dónde era y, oh sorpresa, es del Árbol del Pan (ya les había contado aquí que era mi panadería favorita).

 

Los perros vienen con una ensaladita sencilla que sirve para refrescar y neutralizar el paladar, y una guarnición que, en este caso, fueron unas papitas criollas suaves y enormes a las que les quedaba muy bien esa mayonesa de cilantro que viene en el plato.

 

 

N se decidió por el Villa de Leyva (11.200): ¡absolutamente glorioso! Era ahumado, carnudito y jugoso, con un potente sabor a pollo y tocineta que combinaba de manera fabulosa con la consistente salsa de puerros. Michael nos había dicho que era la especialidad de la casa y lo corroboramos completamente. N pidió de guarnición unas arracachas fritas que pensamos que iban a ser más crocanticas y, en cambio, eran bastante almidonadas; no obstante, el sabor dulzón era agradable y terminamos comiéndolas con fervor. 

 

Ya les dije que el calor de ese día era insoportable y a N le dieron unas ganas locas de jugo. Y aunque no soy muy fanática de esta bebida, considero que las mezclas que hacen acá son deliciosas. El jugo de corozo (2.800) era fresco y acidito, el de mandarina y fresa (2.800) espesito y dulce, y el de lulo y hierbabuena (2.800) muy balanceado y perfecto para la sed.

 

Para finalizar, probamos el nuevo postre de la casa que es un Mousse de aguacate y lulo (5.500): no cae para nada pesado, corta con los sabores de los platos fuertes y es una manera muy original de terminar una comida, lo adoramos.

 

Los perros calientes de El Cebollero se merecen toda la fama que tienen y creo que son muy buenos para mezclar salado y dulce en sus preparaciones de maneras insospechadas. No se lo pierdan.

 

Calificaciones de los otros comensales

N: 4,2 

   

Tips viejecitos

  • Quedamos exageradamente llenas: si usted es de poco apetito, pida solo el perro con sus acompañamientos que con eso queda.

 

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