La valoración

Califico mi experiencia personal  de 1 a 5 en cuanto a comida, servicio, a mbiente  y relación costo/beneficio 

Como pez en el agua

Osaka

Zona Rosa

Cra. 13 # 85 - 25

Cocina Nikkei
 

La sazón: 4,7

La atención: 4,8

La ambientación: 4,6

La relación costo/beneficio: 3,9
 

Precio promedio por persona: 100 - 120 mil pesos
 

Osaka es una franquicia muy reconocida en Perú que llegó hace dos años a la ciudad. Se encuentra en El Retiro, donde antes quedaba Nolita. Me impresionó mucho ver la seria remodelación que tuvo el espacio, pues lograron transformar completamente la atmósfera del lugar y volverlo sobrio y distinguido.

Tiene espacios para diferentes necesidades: una terraza cubierta para disfrutar de la luz, un salón espacioso para grupos grandes, una barra de licores para tardear, una barra de sushi si uno quiere algo más informal y una terraza interna muy cómoda y fresca. Pero, sea cual sea la razón de su visita, yo les recomiendo que pidan muchos platos para centro de mesa.

 

 

Nada mejor que empezar con un sashimi de pescado blanco y salmón. El pescado era suave, consistente y absolutamente fresco: casi conmovedor. Con ese primer bocado, presentí que iba a ser uno de mis restaurantes favoritos y no me equivoqué. Después probamos el Ebi Osk (36.000), bocaditos de langostinos y tostadas negras de arroz. Me pareció que había un juego de texturas interesante y la salsa de puerro y curry le agregaba un picante agradable.

 

 

Como queríamos conocer muchos platos, pedimos la Degustación de 3 variedades de ceviche (60.000).  El Osk, de atún con quinoa y salsa yuzu, mezclaba salado, dulce y ácido de una forma muy sofisticada. El Wasabi, de pescado blanco y vieiras, levemente picante, era envolvente y aromático. El ceviche Rocoto Jam de salmón con salsa de rocoto confitado, al contrario de lo que se creería, tendía a lo agridulce.
 

Mi parte favorita del Kanitan (30.000), rollitos rellenos de jaiba, fue su masa delgada y crocante. El maracuyá y la jaiba se complementaban bien, pero sentí que el sabor del queso crema predominó por encima de ellos y los opacaba.

 

 

¡Y empezamos con el sushi! El primero fue el Hotate Truffle (24.000 dos unidades), nigiri de vieiras con mantequilla de trufa y limón. Me encantó que su sabor, aunque fuera muy intenso, no persisitiera en la boca. Además, el ligero parrillado permite agregar un toque tostado sin perder la fabulosa contextura de los scallops. El otro nigiri fue el Inka (20.000 dos unidades), una cautivadora mezcla de pescado blanco, ají amarillo, quinoa crocante y chalaquita: me pareció un bocado muy completo, de sabores potentes y rico en texturas.
 

 

Luego, nos pasamos a los makis. El Tigger (34.000) llevaba langostinos, pescado blanco y aguacate. Era acevichado, pero no excesivamente ácido o líquido, como generalmente ocurre: se me hizo cremoso y bien ejecutado. Ahora, quiero elogiar las láminas de limón del Teri (34.000) porque son finísimas y le dan una pizca agria muy grata al sushi que funciona muy bien. Me gustó la proporción entre queso crema y langostino, y también la gota de salsa teriyaki que acentuaba el resto de sabores.
 

 

Niku Kabayaki (43.000) es la entraña de angus  cruda, que traen en una plancha de piedra para que uno mismo la cocine: gran idea para gente como yo, que le fascina jugar con la comida. Lamentablemente, fue el plato que menos gocé porque carecía de sabor. No obstante, cabe decir que nos demoramos unos quince minutos en utilizar la parrilla y ya no estaba tan caliente. Esto va como consejo, para mí incluida: hay que respetar las temperaturas de los platos para disfrutar lo mejor de ellos. El Tako Nikkei (45.000), pulpo asado en robatayaki que estuvo de locos: tenía un exterior crocante, un sabor impecable y una carne compacta y firme. La cama de yuca era espesa y deliciosa, y el chimichurri le daba mucha sazón.

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De los especiales, probamos el Chanchito Nikkei (44.000) que, como era confitado, se deshacía fácil: era tierno y jugoso. Además, el glaseado con salsa ramen-teriyaki le brindaba un gusto acaramelado de infarto. El tacu-tacu, un arroz con arracacha, aportaba una textura rica y seca que cortaba con la grasa y no le quitaba protagonismo al cerdo.

 

 

Finalizamos con el Yuzu Cheesecake. La granita era ácida y refrescante, el helado de queso crema y rayadura de limón lo sentí bien balanceado, y el amaranto proporcionaba una textura crocante. Este es el tipo de postre que me gusta porque, además de la hermosa presentación, tiende más a lo amargo que a lo dulce.
 

Antes de empezar con mi segunda experiencia, quisiera enseñarles los cocteles de Osaka. El Délitz ( de color naranja), con Chandon y Aperol, me pareció una exquisitez. Y el Midori Sens (de color verde) era seco y frutal. El Medicine No. 1, de carambolo y jazmín era muy astringente y aromático para mi gusto...pero si usted es amante de las bebidas perfumadas, adelante: este es el suyo.

 

El mejor, sin duda, fue el Aka Sour: un pisco sour de cardamomo con un hielo de vino y flor de Jamaica que se derrite a medida que pasa el tiempo, dándole otros matices a la bebida. Sin embargo, no estoy de acuerdo con el costo de los cocteles, que en su mayoría oscilan entre 35 y 38 mil pesos. De hecho, un sommelier y bartender colombiano excelente me comentó que el precio es realmente desmesurado comparándolo con el costo de los ingredientes. Lo que me preocupa es que en Bogotá se está poniendo de moda cobrar de este modo por los cocteles.
 

Por otro lado, el servicio de Osaka es de ensueño. En ambas ocasiones al restaurante no le cabía ni un alma más y, sin embargo, siempre me sentí bien atendida. Los meseros conocían muy bien la carta y podían sugerir platos con toda la confianza, la comida no se demoró mucho, nunca nos faltó una bebida en la mesa y hasta recordaban las alergias de cada comensal.
 

En mi segunda visita también nos decidimos por la Degustación de 3 ceviches, pero esta vez optamos por el Clásico: en este, el camote estaba suave y delicioso pero la preparación en su conjunto se sentía bastante seca, probablemente por el exceso de cancha serrana. Los otros dos, Wasabi y Osk, mantuvieron el mismo el sabor y calidad. 

 

 

También volví a pedir el Inka porque quería descrestar a mis comensales con uno de mis favoritos de la vez pasada, pero me desilusionó pues no estuvo tan fresco como antes y el color no era nada llamativo. Continuamos con el Katsu (20.000), unos bocaditos de salmón, aderezados con aceite de trufa y ralladura de cítricos, que concluyen en un plato complejo y equilibrado en el que el limón matiza en justa medida el insistente sabor trufado. Y ¡miren ese salmón! ¿Qué tal las vetas, el color y la textura? Bellísimo.

 


También escogimos el Antiku (34.000), un maki bastante original: el langostino y la cebolla tempura de su interior aportaban mucha crocancia, el lomo al fuego era tierno, aromático y sutilmente ahumado, y la salsa anticuchera remataba con su sabor profundo y picoso. 
 

C y yo somos fervientes enamoradas de las vieiras, así que pedimos el tiradito Nikkei (35.000) que nos encantó: la carne estaba firme y húmeda, la salsa soya con wasabi combinaba perfecto, y el ají limo le agregaba la fuerza y aroma peruanos propios de la cocina Nikkei.

 

 

Como ese día era mi cumpleaños y prefiero la sal que el dulce, nuestro último plato fue el Osk Tataki (33.000), láminas de atún sellado. Su admirable consistencia se asemejaba a la carne curada, la salsa cítrica oriental era absolutamente umami y, además, la cancha con el togarashi aderezaban estupendo.

 

Mi opinión general es muy positiva: Osaka es un lugar extraordinario en todos los sentidos. No hay pierde con ningún plato: así algunos no me hayan fascinado, creo que todos los productos son de una calidad altísima e, indiscutiblemente, es uno de los mejores restaurantes que he conocido este año. Me muero por volver.

 

 

Calificaciones de los otros comensales

B: 4,7

M&M: 4,5

J: 4,9

C: 4,5   

 

Tips viejecitos

  • La última vez éramos tres y estábamos sufriendo por los nigiri, pues vienen dos unidades por porción. Ahí fue cuando la mesera nos comentó que podíamos solicitar medias porciones, ¡lo cual fue fantástico!

  • No me pregunten por qué "OSK" se pronuncia Osaka, porque yo tampoco sé.

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