La valoración

Califico mi experiencia personal  de 1 a 5 en cuanto a comida, servicio, a mbiente  y relación costo/beneficio 

La tercera es la vencida

Segundo

El Retiro

Calle 85 # 12 - 90

Cocina de autor
 

La sazón: 4,5

La atención: 3,7

La ambientación: 4,5

La relación costo/beneficio: 3,9

Precio promedio por persona: 70 - 90 mil pesos

 

Segundo es uno de los restaurantes más populares del momento y, aunque abrió en mayo, desde comienzos de año comenzó a coquetear con su Instagram. El hecho de que Adolfo Cavalie —quien trabajó cuatro años en el aclamado restaurante limeño Central y luego estuvo a cargo de 80 Sillas— fuera el chef, me atrajo de inmediato. Luego supe que la coctelería la había concebido Erin Rose, una bartender que ya se ha paseado por las barras de varios restaurantes de la ciudad. Y por si fuera poco, hace parte del Grupo Takami, que siempre saca propuestas extraordinarias. Así que, por supuesto, diez días después de su inauguración ya me encontraba allí.

 

Muy acorde con su nombre, el lugar queda en un segundo piso. Al subir me impresioné muchísimo, pues no me imaginé que fuera tan lindo. Primero nos sentamos en la imponente barra que, con su estante atiborrado de licores, divide el restaurante en dos. El bar ofrece diez cocteles de autor que van de ligeros y refrescantes a aromáticos y suntuosos.

 

C eligió La Reina (24.900) que es como un gin and tonic pero más frutal y dulce, porque tiene una infusión de cítricos, mora y miel. Y yo pedí el Rocinante (24.900) que hasta el día de hoy sigue siendo mi favorito del lugar: es un coctel ácido que mezcla tequila con limón, soda y —esto es lo increíble— tiene una densa espuma y una rodaja deshidratada de lulo que son para derretirse.

 

Compartimos también los Langostinos Rebosados (18.000) del menú del bar, y no podíamos creer la delicia: la costra gruesa y crujiente esconde una carne suculenta que casi estalla en la boca. Todo esto venía acompañado de la mejor mayonesa del mundo, en la que se siente el intenso sabor de las yemas curadas y el ahumado ligero de la paprika.

 

 

Media hora después ya teníamos mesa en el salón principal, una sección amplísima que da a la cocina abierta, con techos altos y ventanales enormes. Nos sentaron detrás del estante del bar —que, por cierto, me parece el lugar más cómodo del restaurante—. De cortesía trajeron un pan delicioso, caliente y suave, junto con dos mantequillas fantásticas (una de cenizas de cebolla y otra de queso de cabra y chipotle ahumado).

 

J pidió La Morena (24.900), una mezcla maderosa y fresca, como un Moscow Mule pero con whisky; mientras que C y yo resolvimos pedir vino. Me pareció excelente que tuvieran una sommelier que, además de todo, es una gran conocedora y habla de todos los productos con mucha propiedad: sus sugerencias siempre dieron en el blanco.

 

El menú del comedor se divide en Primeros (entradas grandes) y Segundos (platos fuertes). De los Primeros, conocimos el Pulpo al carbón (29.000) que estaba en su punto y tenía las puntas ligeramente achicharradas. La cama de lentejas le daba un toque casero inesperado y los crocantes de calamar aportaban textura —aunque no mucho sabor—.

 

 

La ensalada de Scallops al Josper (29.000) me pareció magnífica: las tejas crocantes de queso eran apetitosas, la lechuga estaba absolutamente fresca y los tomatitos, muy umami. Las vieiras tenían un leve dejo a parrilla, su interior era suave y su corteza tostadita. Asimismo, la tierra de remolacha y la salsa de queso remataban muy bien.

 

De los Segundos compartimos el Cordero Braseado (39.000), tierno y jugoso, al que le caía de perlas el pesto de tomates. Me pareció fantástico que viniera con puré de fríjol, porque lograba matizar ese regusto que siempre deja el cordero en boca.

 

También probamos el imperdible Arroz meloso de langostinos (49.000) que lleva arvejas, un poco de cebolla y pimentón, jerez, macerado de limón y cenizas. Además de tener una textura cremosa fabulosa, este plato logra una armonía total: ahumado, ácido y salado son combinados con maestría.

 

 

Lamentablemente, el servicio que al comienzo fue muy presto, comenzó a desbaratarse. Ya en la recta final, pedimos unos bombones de chocolate (5x12.000) con rellenos extraños y deliciosos —como tocineta y maple, wasabi o curry amarillo—, y unos americanos que se demoraron aproximadamente media hora en traer.

 

Sin embargo, la comida me había gustado tanto que no dudé en volver en cuanto tuve oportunidad.

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*

 

El día de mi cumpleaños tengo como regla ir al restaurante que más me ha gustado en el año, así que decidí volver a Segundo para esta fecha. Me encantó que se pudiera reservar en línea y que hubiera espacio para anotaciones como el motivo de la visita, alergias y restricciones en la dieta. Tristemente, esa noche no faltaron los grupos grandes en el lugar, y el ruido me pareció verdaderamente insoportable.

 

Iniciamos con unos coctelitos. El Incógnita (24.900) me encantó, pero creo que no es para todo el mundo ya que, a pesar de tener sandía, lleva muchos ingredientes amargos como el Aperol, el Jerez Fino y la salvia. Y el Tata Duende (24.900) de J sí fue una absoluta decepción: además de que el vaso era enano, ¡más de la mitad estaba ocupado por un hielo macizo! (tengo una foto y todo). También me pareció muy lechoso, espumoso y tenía demasiado estragón.

 

De entrada, elegimos el Tartar de res (23.000) y se robó mi corazón. La carne estaba riquísima y tenía una textura chévere —no tan babosa como en otros que he probado—, el aderezo de pepino le da frescura, y la quinoa crocante es para morirse. Pero lo más rico son las yemas curadas, que tienen un sabor intenso y una textura gelatinosa interesante (ojalá vinieran más).

 

 

De fuerte, C escogió la pasta fresca con vegetales (29.000) que era un papardelle al dente, con tomates frescos y secos, albahaca en tiritas, un par de champiñones asados y una salsa cremosa preparada con el exquisito queso Grana Padano. Este plato parece pequeño, pero es muy llenador, y también brinda esa satisfacción típica de la comfort food.

 

J se fue por el Magret de pato (40.000) de carne firme y grasa, con un sabor parrillado magnífico. En cuanto a sus acompañamientos, el puré de ahuyama con pedazos de ahuyama asados me pareció bastante insípido, y los espárragos estaban ricos, pero su costra de tempura negra se sentía algo amarga.

 

 

Yo opté por el Cochinillo confitado (49.000) que se veía precioso y desgraciadamente me defraudó. Primero, la carne tenía un sabor muy fuerte, como almizcle, que lo hacía casi incomible. Segundo, yo esperaba una carne muy suave, que se deshiciera al tacto, y esta se sentía cauchosa. Encima, la salsa de puerro y coliflor estaba súper desabrida, y la “ensalada” de rúgula que nombraba el menú eran literalmente esas cinco hojas que ven en el plato.

 

Ya para acabar, decidimos probar las Peras al carbón Josper (14.000) que es un típico ‘postre salado’ de los que me gustan: tenía un sorpresivo crumble de queso pecorino y un suave queso crema que contrarrestaban el dulzor de la pera y del helado de vainilla. Tristemente, tuvimos que esperar unos cuarenta minutos a que lo trajeran.

 

 

De cumpleaños, trajeron de cortesía la Tarta Tatín (14.000) que venía con manzanas caramelizadas, galleta de almendras, espuma de yogurt y helado de vainilla. Estaba rico, pero me chocó que su sabor fuera tan parecido al del postre anterior.

 

Al final de la noche, quedé muy desencantada y me di cuenta que si al menos hubiera recibido un buen servicio, mi visita no hubiera sido tan espantosa. El punto es que soy una mujer justa, y decidí que, como había tenido dos experiencias tan disímiles, debía darle otra oportunidad.

 

*

 

La tercera vez fui con G, una blogger peruana. Volvió a atendernos la encantadora sommelier y me recomendó el vino rosado más rico que he probado —no sé cuál es, así que vayan y le preguntan—. G pudo degustar dos cocteles: La Reina, que le agradó un montón, y este otro que no me acuerdo cuál era, pero que debería llamarse “Hielo”.

 

 

Nos dieron ganas de probar comida del bar —y sí, este menú también lo pueden pedir en la mesa—, por lo que compartimos unos Mejillones con fuet (18.000) que tenían la sazón clásica de las moules marinière, aunque con una patadita novedosa que le daba el fuerte sabor a carne curada del fuet.

 

También nos llamaron la atención las Croquetas de calamar (14.000) que, francamente, tienen un nombre muy confuso porque son, más que todo, croquetas de tinta. El sabor y la contextura predominantes son los de la tinta del calamar y, a pesar de que me parecieron muy sabrosas, ¡me hubieran avisado y llevo un cepillo de dientes!

 

Yo no sé si es cultura general saber que así se llama esta preparación, pero ahí les dejo la advertencia por-si-acas. La mayonesa de tomate de árbol que venía con ellas era de otro mundo, levemente agridulce y súper cremosa.

 

 

Miren las vueltas que da el mundo, que G resolvió probar el innombrable Cochinillo confitado (49.000) y, menos mal, porque estaba BUE-NÍ-SI-MO. La parte de encima era tostada y crujiente, y por dentro la carne se deshacía con facilidad: parecía una impecable lechona gourmet. Esta vez, el cremoso tenía más sabor, y combinaba de manera espléndida con el cerdo. Lo único malo es que la “ensalada” ahora lleva tres hojas menos, pero se los voy a pasar porque de verdad me deslumbró el plato.

 

 

Y yo, por probar algo nuevo, pedí el Lomo de res (39.000). La carne era consistente y tierna, y la cocción estaba en el punto perfecto: le daba esa sazón a asado que tanto nos gusta, sin sacrificar ni una gota de jugosidad. Los vegetales salteados también estaban riquísimos. Pero lo mejor de todo fue la espuma de pimienta rosada, una salsa casi etérea, con un gusto muy aromático que potenciaba el sabor de los demás ingredientes: nunca había probado algo así en mi vida.

 

Bueno, después de las subidas y bajadas que tuve con Segundo, creo que ahora sí puedo dar un veredicto. Yo les recomendaría ir, así sea una vez —al menos al bar—porque, aunque a veces no tenga la mejor ejecución, los platos de este lugar no los conseguirán en ningún otro lado. También creo que pueden aprender de sus errores y mejorar cada día más.

​Calificaciones de los otros comensales

C: 4

J: 4,3

G: 4

 

Tips viejecitos​

  • Reserven, es un lugar muy ocupado. Aquí les dejo el link.

  • Pregunten por opciones vegetarianas y veganas, no están en la carta pero las tienen.

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