La valoración

Califico mi experiencia personal  de 1 a 5 en cuanto a comida, servicio, a mbiente  y relación costo/beneficio 

Contra las penas, las copas llenas

Nota: este bar cerró sus puertas en diciembre de 2017

 

Eightysix Cocktail Bar

Quinta Camacho

Calle 69A # 10 - 05

Bar, comida de autor
 

La sazón: 4,9

La atención: 5

La ambientación: 4,8

 La relación costo/beneficio: 4,6

Precio promedio por persona: 40 - 90 mil pesos*

* Depende del nivel de prudencia, que en mi caso es nulo


Les debía hace meses esta reseña, ya que muchos me han escrito preocupadísimos por la desaparición de Thom Ngon. Sé que varios extrañamos el magnífico Katsudon y, aunque ya no vamos a poder comerlo nunca más, la buena noticia es que ¡tenemos un nuevo The 86!

 

Foto cortesía de The Eightysix

 

En febrero, este bar decidió abrir nuevamente sus puertas, ahora en Quinta Camacho. Aunque ya no es tan 'caleto', sigue siendo difícil de encontrar y su entrada es bastante misteriosa. Mejor dicho, el que vaya distraído ni se entera de que existe, porque de reojo parece una casa abandonada.

 

La primera vez que fui, solo pudimos dar con él al escuchar una canción de jazz que provenía de una de sus ventanas. Timbramos, esperamos unos segundos, y un mesero nos abrió. Después nos guió por las escaleras y llegamos a un salón muy acogedor e íntimo, iluminado por una lámpara en forma de diente de león. La barra, con sus botellas iluminadas, capta la atención de inmediato. Son pocas las mesas pero todas muy cómodas, perfectas para un tiempo de esparcimiento.

 

Este nuevo espacio ofrece platos para compartir pensados por el chef venezolano José Ragazzi: todos son absolutamente increíbles. El menú le apuesta a ingredientes locales y frescos, y mezclas inesperadas. En mi primera visita, sólo probé Como bocadillo con queso (30.000) una burrata con dulce de papayuela, que yo pensaría como un postre y otros tildarían de entrada: el queso es muy cremoso y la fruta, casi cristalizada, tiene una textura fenomenal y un ligero sabor anisado.

 

En otra ocasión, compartí con L Un campesino chino y criollo (27.000) un pollo braseado muy tierno, mezclado con piña, chuguas, pimentones y salsa de tamarindo. Por favor combinen todos los ingredientes para hacer un “perfect bite”: así se percibe lo amargo, dulce, ácido, salado y umami, creando un juego de sabores majestuoso. Asimismo, pedimos los Huevos estallados (22.000) con setas y demi-glace de carne: un plato saciador y con carácter. Ese día, también había unos chicharrones con chocolate semiamargo y jengibre ¡fabulosos!, pero tristemente no están en la carta.

 

En mi última visita (¿ya vieron que estoy obsesionada con este lugar?) elegimos los Langostinos pucalpeños (22.000) que traen trocitos de yuca, tucupí —un concentrado de la yuca fermentado propio de la Amazonía, ácido e intenso— y aguacate, que matiza y da frescura al plato. Y el Umami latino (15.000), unas crujientes bolitas de plátano y maní que satisfacen tanto a paladares salados como dulces, servidas con setas secas y un pico de gallo de tomate de árbol que aporta un toque efervescente.

 

He visto a algunos sufriendo con las porciones, pero deben recordar que esto no es un restaurante sino un bar, que decidió generosamente ofrecer bocaditos gourmet para compartir.

 

Ahora sí llegamos a lo que vinimos: al trago. Me emociona mucho saber que la coctelería buena está tomando fuerza en nuestra bella ciudad, y esto ocurre gracias a personajes como Gonzalo Marín, capitán de este barco, quien trabajó diez años en los mejores bares de Nueva York y se inspiró en ellos para crear su propia propuesta.

 

Antes que nada, quisiera explicar cómo funciona la carta. La primera parte es la coctelería clásica. ¿Les suena aburrido? Eso tiene que ver con que los restaurantes (sobre todo los más viejos) nos han acostumbrado a pensar estas mezclas clásicas son mediocres, cuando lo mediocre es su forma de prepararlos. Por esto Gonzalo decidió reivindicar a la tradición para demostrar que es buena y aún está vigente. ¡Hay que darle un 10 por emprender esta tarea!

 

 

Muy similar a esto, el bar cuenta con coctelería neoclásica: esto es, cocteles de autor que se han vuelto muy influyentes y ya hacen parte del canon. Cada coctel de esta sección y de la que mencioné arriba cuesta 30.000 pesos.

 

Pero, además de esto, Eightysix propone algo más aventurero que se llama Bartender’s Choice (34.000). Algunos se dejan intimidar por esto, pero no es tan intrincado como parece: sólo debes decirle al mesero una característica que deseas en tu trago. Literalmente puede ser “refrescante” o “maderoso”, o cualquier cosa que se te ocurra y de la que tengas ganas —en los subtítulos de las fotos pondré más ejemplos—. 

 

A veces, el mesero te preguntará algo más, para intentar dar en el clavo. Luego, sólo le confías las decisiones a Gonzalo de hacerte una mezcla original y, si no te gusta, lo intentará de nuevo hasta complacerte. Cabe anotar que los meseros están muy bien entrenados y saben un montón, y además, te sirven agua fría a cada rato (dios los bendiga).

 

 

De la primera categoría he probado el Moscow Mule que es mi clásico predilecto y, créanme, el que hacen acá es superior. Yo sé que la cerveza de jengibre de Fever Tree es muy rica y todo, pero aquí la elaboran ellos mismos y eso lo hace destacar un montón. Además, viene con un jengibre seco y azucarado delicioso.

 

De coctelería neoclásica conocí el Late Night Reviver: una variación del Mule con gin, jengibre, soda y fernet: ¡jamás hubiera pedido algo con fernet y me sorprendió gratamente! Otro que recuerdo es el Greenpoint Cocktail preparado con rye, chartreuse, vermouth y bitters, un coctel espirituoso y potente.

 

Con respecto al Bartender’s Choice, les tengo una gran noticia: si les gustaba algún coctel del antiguo local, ¡aún existen! Uno de mis preferidos siempre será el ¡Ay Güey!, con mezcal, tamarindo y una densa espuma de mango biche. O el J Bird, de ginebra, curuba y cardamomo, una preparación ácida y refrescante.

 

 

Como podrán imaginarse, uno tiende a perder ligeramente la memoria en un lugar como este pero sé que ninguno me ha decepcionado en lo más mínimo. Como no me acuerdo de más cocteles en concreto, en las galerías de fotos se los describo apenas un poco.

 

Antes de terminar, me gustaría resaltar el admirable uso de ingredientes extraños como vinagre de chuguas, coriandro, algas marinas o maíz: es verdaderamente innovador. The Eightysix sigue teniendo el poder de asombrarme cada vez que voy.​

  

​Calificaciones de los otros comensales

 

L: 4,5

P: 4,6

J: 5

 

Tips viejecitos​

 

  • Hagan su reserva vía mensaje privado en Instagram o Facebook

  • The Eightysix también es anfitrión de distintos eventos. Yo fui a uno en el que trajeron a Remy Savage de The Little Red Door y fue espectacular, así que estén pendientes de sus redes siempre.

  • ¡Tienen música en vivo una vez al mes!

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