La valoración

Califico mi experiencia personal  de 1 a 5 en cuanto a comida, servicio, a mbiente  y relación costo/beneficio 

La joyita (no tan) escondida de Bogotá

Trattoria de la Plaza

7 de Agosto

Calle 66 # 22 - 45 Piso 2

Comida mediterránea, italiana
 

La sazón: 4,7

La atención: 4,1

La ambientación: 4,2

La relación costo/beneficio: 4,8
 

Precio promedio por persona: 30 - 35 mil
 

Soy partidaria de que un nuevo año debe comenzar con lo mejor de lo mejor y por eso quiero hablarles del sitio que me dejó boquiabierta a finales del año pasado.

 


Entre dos pequeñas tiendas en una calle del 7 de Agosto, se advierte un viejo toldo rojo con la palabra "restaurante" impresa; bajo él, una puerta verde desde donde se ven las escaleras y unas enormes letras en la pared: "TRATTORIA DE LA PLAZA". En el segundo piso se escucha un jazz suave y las voces inquietas de los comensales. El lugar es rústico y modesto: de colores sobrios, estilo bodega, con lindas mesas de madera y cientos de botellas de vino. Su atmósfera de Speakeasy seduce de inmediato.

 

Al sentarnos, se presenta un sonriente sommelier que, al no tener vino Chardonnay, le recomienda a C un excelente Chablis (no me maten por no anotar el nombre, la copa costaba 15.000). A mí, que no me encanta el vino, me sugiere el coctel que está en boga en la ciudad: un Aperol Spritz (22.000) bien hechecito, fuerte y aromático. Al momento llega el mesero, que nos explica un poco la carta; con su ayuda, C y yo terminamos pidiendo una entrada y dos platos fuertes.

 

Unos quince minutos después aparece un muchacho con los platos fuertes: en ese momento aún no habían traído la entrada y quedamos realmente desconcertadas. En seguida vi cómo nuestro mesero, desde lejos, se sobresaltaba. Corrió hasta nuestra mesa a decirle al chico que retirara los platos, nos pidió disculpas y volvió en pocos minutos con el Antipasto (20.000) que consta de varios bocaditos. El tomate, con sutil sabor a parrilla, se derretía deliciosamente en la boca; el chorizo era compacto y levemente picante; el prosciutto, seco, contundente; la berenjena estaba sorprendentemente dulce y tenía un tempura crujiente que, aunque estaba bastante frío, le daba un rico toque terroso; la mozzarella de búfala era fresca, blanda, ligera: me sorprendió que no fuera sosa como tantas otras que he probado; y las alcachofitas —mi parte favorita del plato—, estaban tostadas, levemente ácidas y tenían un agradable sabor que persistía en el paladar.

 

 

Después volvieron nuestros segundos platos. Tal vez se estén preguntando si recalentaron los que habían traído anteriormente y, la verdad, no nos pareció, pero uno nunca sabe. Compartimos entonces un Penne de alcachofa, tomate y tocineta (20.000) que entremezclaba, además del gratinado y una salsa jugosa, pasta al dente con pasta tostada; la tocineta era carnosa; la alcachofa aportaba acidez y el tomate, dulzor: todo se acoplaba a la perfección. El arroz del Risotto de mar (25.000) estaba un poco suelto para mi gusto, pero creo que el plato incorporaba maravillosamente los interesantes sabores de los mariscos con la potente base de tomate y, encima, era muy abundante.

 

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Ambos platos principales me parecieron suculentos y generosos. De hecho, para que nos cupiera el postre tuvimos que hacer trampa y pedir que empacaran la mitad de la pasta. Nuestra radiante tarde finalizó con el Ganache de chocolate semiamargo (8.000) que venía con una deliciosa galleta arenosa, algo de sal marina y aceite de oliva para balancear y un toque frutal (que sospecho que era naranja).

 

 

Hace poco tiempo era inconcebible que un lugar de moda estuviera en medio de un barrio popular pero, si uno lo piensa bien, nada puede ser más sensato que montar un restaurante junto a una gran plaza de mercado como la del 7 de Agosto. La Trattoria de la Plaza es, como mínimo, deslumbrante: tiene magnífica comida y también excelentes precios, algo casi inexistente en esta Bogotá acostumbrada a lo presuntuoso. 

 

PD: Pedí esto en algún momento: el sommelier me ayudó a elegir la tónica y la ginebra adecuadas, que no recuerdo. A veces soy pésima abuela y tampoco anoté su precio —asumo que no cuesta más de 25.000 pesos— pero creo que vale la pena mostrárselos y que se antojen. ¡Miren ese tamañito!

 

Calificaciones de los otros comensales

C: 4,8     "Sabores equilibrados con ingredientes frescos, de buena calidad y a precios justos."

    

Tips viejecitos

  • RESERVEN. El sitio vive lleno y solo sirve almuerzos. El problema es que casi nunca contestan el teléfono entonces asumo que les tocaría ir personalmente a reservar. Yo fui sin reservar: llegué una media hora antes de que cerraran el restaurante, y me funcionó, pero no es una movida segura y menos si van con muchos acompañantes.

 

 

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